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domingo 18 agosto 2019
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Reflexión antes de elegir: «Ver lo que vi para ver lo que ahora veo»

“Mi estatus electoral es de derrotado”; la sentencia de la mayoría me apartó del proyecto que se llevará a cabo en los próximos cinco años para el país que amo, el Perú.  Abatido por el irresoluto inconcluso de los candidatos demócratas; en quienes confié y a quienes deposité mi primer voto; con ello, no sólo electoralmente, sino de confianza. Pero la historia moderna viró su mirada hacia el pasado, siempre pasivo y embelesado de podredumbre política. Sin líderes democráticos, vimos cómo tres de ellos sucumbieron a la codicia o al sueño más profundo.

Vimos la inacción operando como siempre y el letargo de algunos individuos que, abrumados, alertaban, como en una pesadilla sin oírse, que aún había tiempo, pero éste se agotaba; hasta que se agotó. -A través del Twitter leía a un iracundo Carlos Basombrio (politólogo peruano) enviando mensajes consecutivos, uno tras otro. No dejaba de [blocktext align=»left»]Fue, tal vez, la primera experiencia importante donde las redes sociales como Twitter tuvieron una activa presencia.[/blocktext]exhortar a los voceros, miembros de los partidos políticos y candidatos demócratas; hasta ese entonces Pedro Pablo KuczynskiAlejandro Toledo y Luis Castañeda Lossio, para que se junten y puedan concertar dados los evidentes resultados nefastos de las últimas encuestas de intención de voto, que nos daba cuenta que pasarían a la segunda vuelta electoral los candidatos Keiko Fujimori y Ollanta Humala (prospectos de autócratas); lo replicó tantas veces como taquicardia hasta que cedió, como cesa de latir el corazón cuando no es asistido a tiempo-. Sabemos que tal pedido, ecos de millones de peruanos, no fue escuchado. El problema no fue el canal comunicacional; sino el espíritu de quienes aspiraban a ser nuestro presidente de la república; tan sólo no pudieron elevarse unas cuantas pulgadas del fango de las ambiciones personales y encarar el porvenir del país a través de un solo camino que los demócratas deseábamos seguir.

Derrotado en la primera parte de estas elecciones; sin ánimo y preguntándome aún: -¿Cómo llegamos a esto?- Así me siento; no lo niego. Es el peor escenario esperado. Pero más contundente fue el golpazo recibido como ejemplo de la actitud política por parte de los mal llamados candidatos demócratas. Como traición, dejaron de lado a quienes aglutinaron y nos llevaron al recodo donde sólo es posible discernir si quitamos algún desaparecido u obviamos actos terribles y que han proscrito nuestra historia republicana. No culpo la legitimidad que poseen quienes eligieron a estas dos corrientes, con pasados marcados por la quiebra de los derechos y los vejámenes humanos durante la guerra interna y las insurgencias absurdas y desequilibradas; la corrupción y el enriquecimiento sin méritos ni logros.

“La revolución”, esa palabra hermosa que extraño decir en voz equilibrada porque ha sido deglutida por individuos que prefieren vociferarla e imponerla hacia una analogía ideológica entre ricos y pobres, entre clases sociales, proletarios y poderosos. Ahora estamos divididos más que nunca, ojalá sea sólo la cinemática electoral que nos afiebra y atrofia. No tengo voz ni palabra para decir que requerimos una “revolución”; sí, de la más ecuménica, ni siquiera política; sino moral.

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*Título entrecomillado: Hamlet – William Shakespeare
**Foto: Internet
**Artículo publicado en la Web de OPINIÓN+ anterior el 20 de Mayo de  2011



Sebastián Reyes Sánchez

Consultor e Investigador CEO de la Consultora MAINLAND - MGC. Analista Político para el Grupo FBCORP - Found Business Corp. Perú. Director de OPINIÓN+ | www.mainlandc.com


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