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martes 26 septiembre 2017
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Las comunidades: pobreza + información contrapuesta + credulidad = ¿?

Es claro, inclusive para quien camina sin mirar las cosas, que hay grandes irresolutos con respecto de la relación entre las comunidades y el Estado y las empresas privadas extractivas. Sobre esto se sabe que tienen una opinión discrepante sobre los beneficios que les pudiese traer proyectos de este tipo en sus zonas y el impacto que implicaría en su entorno natural. Una mezcla de la defensa ecológica, la realidad y lo que involucra a los intereses del país.

Rápidamente, como quien desea la paz del mundo, podemos inferir que defender el suelo y subsuelo, los ríos y afluentes, las hectáreas de rica biodiversidad y privilegiado ecosistema deben ser activos protegidos sobre todas las cosas; inclusive el respeto por las culturas nativas del Perú. Este razonamiento puede ser empírico y no dejar de tener consistencia lógica. Pero…

El elemento de desarrollo o estancamiento

Aglutinemos a las comunidades cuyas organizaciones no están ajenas de las noticias y el cambio ya que muchos cuentan con televisión, teléfonos fijos e inclusive celulares. Por lo tanto han alcanzado un desarrollo consiente o circunstancial (efectos u onda expansiva de desarrollo básico), eso no importa; lo sustancial es que saben y son capaces de consensuar entre ellos para el bien común de su comunidad.

A la vez; se percibe que las comunidades son débiles, como David frente a Goliat, y que el Estado es corrupto y manipulador, priorizando siempre a los magnates de las industrias que quieren tener operaciones en las zonas donde están instalados éstos comuneros.

A la vez; somos un país con riqueza en oro, plata, zing, cobre, gas, petróleo, madera y lo que imagines; lo tenemos aquí en menor o mayor proporción a nivel mundial.

A la vez; tenemos el debate de los recursos finitos, no renovables y cuyo proceso de extracción es invasivo y contaminante en poca o cualquier magnitud.

A la vez; el mundo vive de la energía producida por plantas hidroeléctricas, gasíferas, petroleras; y en menor producción tenemos las llamadas energías limpias como las eólicas, solares, saltos de agua; entre otros en curso de laboratorio. Pero sin energía el Perú no funciona. Tenemos un enchufe que debe ser alimentado por alguna energía. Eso es indiscutible; tómenlo como una verdad amarga si quieren.

A la vez; tampoco sobran los recursos para creernos el centro de la tierra y que somos la única tienda con éstas baterías en venta; cuyos clientes son todos los peruanos y otros países quienes compran nuestra energía (tema también en álgido debate). Tenemos lo que tenemos y no más. Por eso señalan, por un lado, que es imperiosa la búsqueda de más recursos para continuar esta cadena de producción energética. Igual sucede con los demás productos extractivos.

A la vez; coincide que estos proyectos colindan en algunos kilómetros con éstas comunidades; a quienes se les debe consultar para evitar crisis y degeneren en conflictos como los que ya hemos vivido tristemente. Vemos que estas comunidades no son islas dentro de la geografía peruana. Están adscritas a su gobierno municipal y regional; por lo tanto tenemos, hasta aquí a: comunidad, municipal, gobierno regional, Estado y la empresa privada con el proyecto.

A la vez; vemos otros actores como las ONGs, la iglesia, grupos políticos, y grupos de presión. Estos tienen una gran influencia en los comuneros; además que están instalados en las zonas antes que el mismo estado y mantienen constante comunicación con ellos. Muchas ONGs perciben millones de dólares provenientes de extranjero; más no se puede saber porque no son fiscalizables del todo.

A la vez; con todos los actores involucrados (bastantes) se tiene que llegar a un acuerdo que debería beneficiar a la comunidad, a la empresa inversora y a la vez a todos los peruanos. Aquí se truncan todos los proyectos concretamente, porque tal vez, se truncan desde el momento en que el Estado no aborda las necesidades de estos individuos y son presa fácil de instituciones ideologizadas.

A la vez; muchos de estas comunidades se dedican a la extracción de minerales como el oro; empleando químicos y contaminando directamente lo que supuestamente defienden. Por lo tanto, puede haber, más que una defensa a ultranza de su entorno natural, su sustento económico. Como sucede con la tala ilegal de árboles. Debo precisar que ninguna de estas actividades informales son controladas.

En consecuencia:

Es muy complejo emprender proyectos sin la aprobación de las comunidades. A la vez son muy desalentadoras las experiencias que ya se tuvieron al respecto. A parte de la iniciativa de la consulta; lo cual es necesario; se debe contar con una política muy calibrada de comunicación y más, de interrelación con estos individuos, quienes además, cargan emotividad y sienten que el Estado los tiene olvidados y si se acerca a ellos es sólo para perjudicarlos. Es importante la cohesión entre los diferentes gobiernos: municipales, regionales y el Estado para converger en un solo propósito: el desarrollo del país sin perjuicio de los más pobres.

Y sobre la pobreza, que siempre acompaña a las comunidades, es necesario definir usos (proyectos de desarrollo en la zona) cómo el de las regalías, canon y que estas aportaciones lleguen directamente a éstos grupos e impulsen su desarrollo lo más rápido posible.

Ojalá haya voluntad y consenso. Con ello habrá desarrollo y voluntad para seguir calibrando el control del equilibrio entre el desarrollo y los recursos naturales, culturales y sociales.

 

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(*)Foto: Internet / Artículo publicado por el portal OPINION+ anterior el 28 de Agosto de 2011



Sebastián Reyes Sánchez

Consultor e Investigador CEO de la Consultora MAINLAND - MGC. Analista Político para el Grupo FBCORP - Found Business Corp. Perú. Director de OPINIÓN+ | www.mainlandc.com


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