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martes 26 septiembre 2017
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Entre Cajamarca y Yanacocha no habrá Conga… hasta nuevo aviso

Nuevamente en la urgencia política y como principal noticia tenemos a un gran proyecto minero, Conga, y el rechazo al mismo por parte de las comunidades aledañas, las provincias involucradas y los que defienden el medio ambiente. Este proyecto; ubicado en el departamento de Cajamarca, provincia de Celendín, distritos de Huasmín, Sorochuco y La Encañada; llevado a cabo por la empresa minera Yanacocha en sociedad con Newmont Mining Corporation (51,35%), Compañía de Minas Buenaventura (43.65%) e International Finance Corporation – IFC (5%); podría otorgarle a la región y gobiernos de Cajamarca entre 800 a 1000 millones de dólares en regalías y canon, según fuente de la propia Yanacocha.

Tal vez podemos entrar en una fase de comprensión con limitaciones, pero que complazca nuestras expectativas y visiones:

Colocándome al otro extremo, aquel donde están quienes desean un Perú sin industria extractiva ni invasiva, que no atente en lo mínimo contra la ecología y medio ambiente en general; es entendible el cuidado que desean darle a su vasto ecosistema. Puede comprenderse que no desean alterar lo que la tierra ha construido y mantenerlo como lo ha hecho naturalmente. También es posible discernir sobre el modo de vida a través de la agricultura y ganadería de estos pueblos y, que no requieren más, o no al precio que significa colocar una infraestructura industrial. Esto por más canon  y regalías, por más desarrollo económico y social (causa – efecto de mayor capacidad de gasto por parte de la región y los gobiernos locales), por más eficacia en la Responsabilidad Empresarial (RSE).

El mundo industrializado tiene fábricas en todas partes. Estas fábricas, en la actualidad, principalmente las representadas por los grupos económicos mejores consolidados en todos los niveles, están actualizando la versión de su producción y su labor frente a la problemática del recalentamiento global y, en buena cuenta, como parte de su responsabilidad frente a la salud del planeta. En la industria automotriz, por ejemplo, la compañía Audi (Alemania) cuanta con una planta que autogenera energía reciclada de otras de sus fuentes de consumo de energía, para el funcionamiento de sus poderosos robots para el ensamblaje de sus automóviles, logrando capturar la energía inútil que generan algunos procesos de la producción del auto y convirtiéndola en reutilizable a través de turbinas de aire que refrigeran la planta, como una utilidad, sin requerir más energía; esto a su vez, sirve, además, para generar energía suficiente para la iluminación de la planta.

La industria minera, siempre ha sido una actividad altamente polémica; con muchos ejemplos de desastres ecológicos y daños al ecosistema de zonas donde no hay producción industrial. Es cierto que hasta hace poco, la minería ha tenido un impacto en cada lugar donde ha explotado y, que se mantuvo al margen de la realidad que lo rodeaba. Hay muchos ejemplos al respecto. Pero hoy en día, la producción más controlada y que siempre escala en la calidad de su producción en su relación con el medio ambiente es la minería.

Se puede convivir con una industria sensible si es acompañada de grandes iniciativas para la sustentación del entorno:

La minería además es demasiada requerida en el mundo. Sus minerales y energía que extraen son muy cotizados y por ende es una industria que se abre camino como una oportunidad de generar riquezas y aumentar las oportunidades de salir de la pobreza a las comunidades, pueblos aledaños y la región. La minería tiene un impacto sí o sí en el medio ambiente. Como lo tendría, en menor medida, cualquier otra industria situada en cualquier lugar. Siempre hay un precio sensible a pagar; pero es posible, a la vez, menguar este impacto ambiental a través de una gran labor, de todos, para alimentar a toda la zona de vida; esto es, entre muchas ideas, creando reservorios, lagunas artificiales, plantas de tratamiento de aguas servidas para regadío, plantas de tratamiento para potabilizar el agua, captura de agua de lluvias, siembra de árboles y flores, transito restringido o de acuerdo a estándares de emisiones de CO2, mantenimiento y control de la vida animal, limitando la producción de otros agentes mineros; es decir, que la producción minera esté controlada de acuerdo al número de proyectos, hectáreas de operaciones y estado situacional anual de la explotación, acompañado de un plan prospectivo de recuperación de la zona, propicio para la vida animal y vegetal; también como lagunas artificiales para canales de regadíos para la agricultura, etcétera.

Una parte de la política que siempre falló:

La comunicación es fundamental. Una estrategia es la planificación con suma antelación. La comunicación debe ser tomada muy seriamente, tanto, que puede permitir contar con un medio que enlace a las comunidades y demás actores involucrados con el propósito del proyecto. Esta parte es muy amplia de explicar, ya que desarrolla varios campos de análisis; por ejemplo el de cómo debe ser expuesto un proyecto. Es complejo por defecto, pero debe ser sencillo desde su concepto. Los problemas, en parte, son de forma, y la forma en que se asimila un proyecto relacionado con la industria minera tendrá relevancia siempre.

La llamada licencia social o civil es una fase crucial para desarrollar cualquier iniciativa, por lo tanto es precisa una estrategia inteligente e inclusiva. Más aún porque habrán barreras y contragolpes para que no prospere cualquier inversión relacionada. Mientras el pueblo esté claro que no desea la presencia minera; es imposible forzar a que cambie. Lo sensato es esperar y volver a convocar. No hay culpables en realidad, no lo son quienes elaboraron el EIA, ni la empresa inversora, ni la oficina de RSE de la compañía; digamos que tampoco las ONGs contra las mineras, ni la Iglesia, ni los grupos políticos ni de presión, menos las comunidades o el pueblo. Sólo que la solución a un adecuado abordaje de la comunicación que permitan el entendimiento de un proyecto y sus beneficios sean claramente asimilados por todos o la mayoría.

Se proyectó estos avatares políticos para el presente gobierno del presidente O. Humala. Muy aparte de sus propias contradicciones en campaña (¿oro o agua?) y ahora como jefe de Estado (oro y agua); hacen más sombrío las demás crisis en el mapa de conflictividad que tenemos, pudiendo, cualquiera de ellas, desencadenar en otro conflicto.

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(*)Fotos: Internet / Artúculo publicado en el portal OPINION+ anterior el 03 de Diciembre de 2011



Sebastián Reyes Sánchez

Consultor e Investigador CEO de la Consultora MAINLAND - MGC. Analista Político para el Grupo FBCORP - Found Business Corp. Perú. Director de OPINIÓN+ | www.mainlandc.com


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